Vallecicos de Noceda
arroyos los de sus prados
donde duerme la alameda
y despiertan los castaños
Baja del viejo nogal
la sombra rota en latidos
que borra y vuelve a marcar,
caminos...muchos caminos...
Los hombres andan descalzos,
el jaral florece espinos,
a solas, con sus destinos.
La fe, allanando picachos
de bravías cordilleras,
a golpes desus cinceles
convierte en "dioses" las piedras.
Tiene el regazo la noche
al claro de Luna llena,
la copa de los placeres
desborda risas y penas
Era el Jefe de la tribu
lo mismo que un semidios,
se rompían los silencios
con flechas de ira y amor.
El CHAMAN gira,que gira
una "churinga" sagrada,
de un lado rasgos divinos,
sexulaes de la otra cara.
Se extremece la asamblea
con los mágicos acordes,
una lechuza suspira
desde la copa del roble.
¿En el papel de la noche
qué escribirían los oráculos?
Miedosos y acobardados
guardan silencio los "castros"
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Al Jefe y al Hechicero
el mismo amor consumía,
amaban a una doncella
que no les correspondía.
Para ocultar su fracaso
ciegos de ira y pasión,
sentenciaron a la joven
para inmolarla a su "dios".
En metálico molino
martilleaba el pregón,
¿ Sangre de qué sacrificio
borrará un cobarde amor ?
Nadie descifró el misterio
de aquel hecho singular,
a la hora del sacrificio
no está el ÍDOLO en su altar.
¡Justicia, recta justicia!
Claman los cerros y valles
al saber que habían robado
aquel "dios" de los altares.
EL TOTEM que está obligado
a la defensa del clan,
pierde poderes divinos
prestigio y autoridad.
Corridos y avergonzados
el Jefe y el Hechicero,
oro y gloria, ofrecen dar
al paladín que devuelva el "idolillo" a su altar.
En ganar el galardón
todos pusieron su empeño,
pero nunca lo encontraron
con remover tierra y cielo.
La moza que no quería
en mocedades morir,
enterró aquel "dios" de piedra
en solitario carril.
Noe era menos la doncella
que mostrara tal valor
de salerosa y de bella,
más que los rayos del sol.
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Macizas igual que el roble
ella tenía las carnes,
dos soles en más pequeño
así, los ojos de grandes.
Protesta de ser hermosa
maldice el cruel destino,
que la priva de querer
aun apuesto cabrerillo.
Rompió el cerco de amenzas
argollas de una cadena,del impío fanatismo
también rompió la condena.
Más tarde de mano en mano
rodó la sagrada piedra,
unas veces fue martillo,
otras ervía de pesa.
Después de muchos milenios
fue otra muchacha bonita
como la flor del rosal,
la que reconoció al ÍDOLO
en su rústico telar.
Por las ventanas del día
salían rojas claridades,
perfuma la violeta
los pies de rotos jarales.
El sol clavaba los rayos
contra las carnes del valle,
en la fronda del castaño
sierra el jilguero cantares.
Y cuenta por fin la historia
que la paz volvió a la villa,
mientras tendía madreselvas
un fleco de campanillas.
Que ya tiene nombre propio
el monumento de piedra,
es ahora, y será siempre
EL ÍDOLO DE NOCEDA |